Medellín, 26 de agosto del 2025

Buenos días, querida dama.

Me llamo Francisco Isaza Bedoya.
Tengo 45 años.
Estoy soltero.
Vivo en un apartamento pequeño de paredes grises.
Soy empleado de una fábrica.

Cada día me levanto a las seis en punto.
Preparo café instantáneo, voy a la ventana, esquivo el gato que me persigue hacia el baño. Me siento y luego tomo una ducha.
Me visto mecánicamente, con la misma ropa.
Un pantalón khaki con camisa blanca o un pantalón negro con una camisa azul.
Cinco pares de medias idénticas, dos pares de zapatos indistinguibles.
No desayuno y siempre, cada día, sin falta, almuerzo lo mismo.

Cojo el bus en la esquina de la cuadra todos los días a las siete y cuarto. Quiero que sepa que me se de memoria los rostros de cada pasajero.

En la fábrica hago clic más de dos mil veces al día.
Reviso, envío, apruebo. No leo, no pienso, solo doy clic.
Solicitud recibida, solicitud tramitada.
Todo correcto, todo en orden, todo archivado.
La vida, para mí, es como un expediente que se completa a diario.
No hay errores, el orden es perfecto cuando nada cambia.

Y con todo esto querida dama, quiero decirle que me ha nacido un deseo amarla.
Presento mi solicitud en términos claros.
Deseo amarla con la misma exactitud con la que doy clic cada día.
Si lo acepta, estimada, la amaré, sin emoción, sin preguntas, sin pausa, con eficiencia, puntualidad, sin pasión ni compasión, pero con la certeza de que todo quedará en regla.

Saludos cordiales.
FIB.

La dama a la que se dirige la solicitud responde con un sello de “Solicitud rechazada” en el sobre de Manila.
Francisco siente por primera vez una emoción real… pero incluso esa la archiva y la guarda en un rincón de su mente.


Comments

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *